Reflexión
Creo que
acompañar a los alumnos en un momento de dudas e incertidumbres, como es la
finalización de la etapa profesional, a los 17 o 18 años, es un deber ineludible
de los que les hemos acompañado durante su adolescencia (e incluso niñez) en un
camino no siempre fácil, cargado de sacrificio, trabajo y dedicación y no
exento, a pesar de ello, de ilusión,
disfrute y goce.
En el
difícil momento de la toma de decisiones que marcarán su futuro profesional y
personal, debemos ser capaces de conducirles y mostrarles todas las
posibilidades académicas, profesionales y laborales que se presentan ante ellos
para que sean capaces de encontrar su propio camino.
Muchos de
ellos optarán por presentarse a las múltiples audiciones, que tanto dentro como
fuera de España, les permitirán ser bailarines profesionales, otros optarán por
impartir clases en escuelas privadas, clubs deportivos o escuelas municipales
(para lo que su Título Profesional les avala) y otros optarán por seguir los
estudios universitarios para perfeccionar su formación, especialmente teórica,
y enfrentarse a un futuro algo más cierto que incierto.
No
olvidemos que debemos también animar a aquellos alumnos que desean ampliar su
formación en carreras, en principio no relacionadas con la danza (medicina,
periodismo, etc…) para tener profesionales expertos y amantes de la danza en
cualquier ámbito de la sociedad; realmente son muy necesarios.
Guiar sus pasos es crear nuestro propio camino.